vencer obstáculos del paciente

Cómo vencer los obstáculos del paciente para iniciarle en la práctica de una alimentación saludable

La mayoría de pacientes que llegan a consulta es para perder peso. Ese es su principal objetivo, y a la vez, poner el foco en este, es su principal obstáculo para conseguir un cambio de hábitos alimentarios real que a largo plazo les permita mejorar su composición corporal (si lo necesitan), y además, contribuya a ganar bienestar y salud.  Y este obstáculo también nos los encontramos nosotros, los nutricionistas, como profesionales que queremos ayudarles.

¿Cómo hacer frente a estos frenos?

En la mayoría de los casos, las personas tienen nociones de lo que es una alimentación saludable, aunque con matices y muchas concepciones erróneas. El problema es que no se adhieren a los nuevos hábitos saludables por muchos motivos. Empezando por su educación alimentaria y entorno, los años alimentándose de forma poco saludable, la percepción de uno mismo, los estereotipos de belleza, la gestión emocional. Pero también influye la falta de motivación, el querer conseguir objetivos poco realistas, exposición a estímulos interferentes, etc.

Darle la vuelta a todo esto no es fácil, por eso es necesario, además de trabajar la nutrición y de hacerlo en equipo con otros profesionales, utilizar técnicas de comunicación y de coaching para acompañar a nuestros pacientes hacia un cambio sostenible de sus hábitos alimentarios. Esto último es fundamental para favorecer la adherencia lograr un cambio en las costumbres que afectan a la alimentación.

Por lo tanto, una vez el paciente entra en nuestra consulta, hay que centrarse en:

-Dar protagonismo al paciente en las sesiones para que exprese sus preocupaciones, objetivos y necesidades sin juzgarle. Es un ejercicio sencillo, pero requiere práctica. El hecho de poner palabras a lo que siente nos va ayudar, tanto a nosotros como profesionales como a él, a ser conscientes de su relación con la comida, que es el primer paso para conseguir cambiarla.

También va a servir para exteriorizar todas esas emociones que influyen en sus hábitos alimentarios, conocer sus preferencias, detectar sus limitaciones y ayudarle, entre otras cosas,  a identificar las señales de hambre y saciedad. De esta manera le podremos sugerir que pequeños gestos puede empezar a aplicar, sin que le supongan restricciones ni frustraciones, para empezar a mejorar su alimentación.

-Poner el foco en el bienestar. Estas sesiones de reflexión con el paciente, que hablábamos en el punto anterior, tienen que servir para visualizar que unos nuevos hábitos alimentarios van a mejorar su salud, le van a ayudar a sentirse mejor, y así, poco a poco, dejar de un lado el peso y su fuerte carga en este proceso. Empezar a analizar con él cuando una comida le sienta bien, que alimentos le hacen sentirse con más energías y cuáles no, contribuye, poco a poco, a que por sí mismo escoja alimentos más saludables.

-Objetivos realistas, flexibles y a largo plazo. Se trata de quitar presión, que lo único que genera es más estrés, que a la vez, conlleva más control y restricción, aspectos que favorecen la desconexión con el disfrute de una alimentación saludable.

Por lo tanto hay que fijar unos objetivos realistas, a lograr a largo plazo y permitiendo cierta flexibilidad. No hay que marcar unas pautas de alimentación llenas de restricciones, o limitando la ingesta de alimentos porque volvemos a la espiral de estrés anterior. Hay que optar por hacer pequeños pasos cada cierto tiempo. Dejar que se asienten antes de añadir nuevos hábitos.  Y por supuesto, si en algún momento puntual no se cumplen, no pasa nada. Roma no se construyó en un solo día.

-Desterrar la culpa. . Es hora de dejar de sentirse culpable. Es el momento de abandonar la idea de que para estar bien hay que sufrir. No hay nada de cierto en esta ecuación. Nuestros pacientes se merecen cuidar de su salud de una forma compasiva, respetando sus tiempos y aprendiendo a hacerlo con amor.

La crítica por comer poco saludable, afecta mucho el ánimo y el progreso en la adquisición de los nuevos hábitos. Si un día no se pone en práctica alguno de los cambios, no pasa nada. Se acepta y se pone el foco en los aspectos que sí se han hecho bien.

Para muchos pacientes, acudir a la consulta es como pasar un examen: ver si han avanzado, si lo han hecho bien, si han perdido peso. Esta presión no ayuda, en nada, a sus objetivos. Hay que cambiar esta percepción de la consulta. Tiene que ser un espacio donde se sienta a gusto, se valoren sus logros y se le anime a seguir adelante.

Si logramos todos estos objetivos al tratar con nuestros pacientes, el cambio de hábitos alimentarios real estará más cerca y nuestra ayuda será mucho más efectiva. ¿Ya aplicas estos principios en tu consulta? Déjame aquí bajo tus comentarios, me encantará leerlos.

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