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Cómo poner límites respetuosos en la alimentación de los peques

Sabemos que los 1000 primeros días de vida (desde el embarazo y hasta los 2 años del bebé) son muy importantes para el desarrollo de unos hábitos de alimentación saludables. Pero tranquila, eso no significa que durante los años posteriores no podamos hacer nada para mejorarlos.

En realidad, siempre tendremos la oportunidad de hacerlo. Lo que ocurre es que puede ser más difícil.

Está demostrado que si durante los primeros años e incluso antes de que nazcan (a través de nuestra alimentación), les exponemos a sabores naturales, texturas diversas y alimentos de mayor calidad nutricional, las posibilidades de que coman sano se multiplican.

En cambio, si desde muy pronto se acostumbran a sabores muy dulces, salados y, en general, a alimentos muy palatables (placenteros para el paladar), como lo son los ultraprocesados, es más probable que rechacen alimentos de buena composición nutricional. Si además, tenemos en cuenta que de forma natural suele haber un rechazo a alimentos de sabor amargo y menos dulce como las verduras, podemos estar sumando puntos para que la aversión sea mayor.

Por todo ello, la idea principal que me gustaría darte es la siguiente: ofrece alimentos de mayor calidad nutricional la mayor parte del tiempo y con más énfasis durante los primeros 2 años.

Ahora bien, la mayoría vivimos en un entorno en el que los alimentos de menor calidad nutricional también están presentes y, en muchas ocasiones, forman parte de nuestras costumbres, cultura y gastronomía. Esto hace que en ocasiones pueda resultar difícil que un peque no acabe pidiendo ese alimento que nosotros estamos comiendo.

Para evitar que lo coma, quizá optas por no comerlo tú o evitarlo a toda costa. También, puede que elijas prohibírselo y decirle que no puede consumirlo, aunque tú te lo estés comiendo. A mí personalmente, y en base a mis conocimientos y experiencia sobre alimentación emocional, no me gusta la segunda opción. La prohibición, la negación y la restricción, pueden aumentar las ganas de querer consumirlo y, no solo eso, sino además se puede acabar asociando ese alimento a algo malo que hay que evitar. Es decir, si creen que lo tienen que evitar, cuando en un futuro lo coman, pueden sentirse mal.

Entonces, ¿tienes que hacer todo lo posible para que no lo pida y por eso debes dejar de comerlo tú o tu familia?

Como siempre digo hay que tener cierta flexibilidad y gestionar cada situación según sus peculiaridades. Por eso te invito a seguir la siguiente fórmula: 

Ofrecer alimentos de buena calidad nutricional la mayor parte del tiempo. Esto significa no sólo que se los pongas en el plato, sino que también los comáis junto a él/ella. Los niños y niñas son grandes imitadores de los adultos, somos sus referentes, así que será más fácil que coman lo que nosotros comemos. 

No ofrecer alimentos de mala calidad nutricional. Es decir, no exponerles a ellos y no presentárselos. Esto significa que aunque estén delante, no se los vamos a ofrecer. Si vamos a comprar el pan, no le diremos a nuestro peque ¿quieres un croissant? porque hay en el mostrador. 

No dar alimentos ultraprocesados. Es similar a la anterior, pero pasando directamente a la acción. Se trata de evitar darle el alimento en cuestión o ponérselo en el plato. No incentivar su consumo si no nos los han pedido.

No negar un alimento si lo piden cuando lo tienen delante. Pues hacerlo podría implicar que se lo estamos prohibiendo. Para evitar llegar a esta situación, la clave es estar la mayor parte del tiempo en los dos escenarios anteriores. Pero, como te diré más adelante, no siempre es posible y querer que sea así, puede situarnos en una conducta rígida u obsesiva que acaba siendo perjudicial tanto para el niño como el adulto.

No mostrar alimentos que deseamos que no pidan. Esto es fácil si vivimos en una isla desierta. Pero, supongo que no es tu caso, por lo tanto la idea es que, dentro de lo que esté bajo tu control y sin que suponga para ti una restricción que pueda ser perjudicial, la cuestión es evitar que estén en su campo visual.

Teniendo en cuenta todas estas pautas, te estarás preguntando ¿cómo pongo límites respetuosos sin usar la prohibición?

Primero de todo  tienes que tener claro cuando es el momento de poner un límite. Básicamente sería cuando la petición está por encima de un consumo que consideramos flexible y coherente. 

Por ejemplo, si ya se ha comido un helado en la merienda y, por el motivo que sea, nos lo vuelve a pedir en la cena, podemos considerar que es demasiado helado en un solo día y no es adecuado que lo vuelva a comer de nuevo.

Este será el momento de introducir nuestros límites, y es importante que sepamos ponerlos de una forma respetuosa para diferenciarlos de las prohibiciones. Al hacerlo de forma adecuada, evitaremos que los peques hagan asociaciones inadecuadas con la comida y pongan etiquetas con connotaciones negativas.

¿Cómo ponemos límites respetuosos?

Principalmente utilizando el sí con condiciones y evitando, en la medida de lo posible, decir no. La mejor forma de entenderlo es con el siguiente ejemplo:

PequeQuiero comer más galletas.

Mamá: Otro día comemos más galletas. Ahora nos vamos a ir a dar un baño.

Como puedes ver, no le decimos que “No puedes comer más galletas” a través del lenguaje. Al contrario. Damos un mensaje positivo, centrado en lo que sí vamos a hacer en ese momento y orientado a no prohibirlas.

Esto no significa que nunca vayamos a usar el “NO”. En ocasiones no tendremos más opciones o nos resultará difícil no hacerlo, pero la idea es que te acostumbres a usar el Sí con condiciones.

Cuanto más lo practiques, más sencillo te resultará.

Si quieres seguir aprendiendo más sobre cómo fomentar una relación sana la comida desde la infancia, te espero en la II edición de la masterclass “Enseña a los peques a comer sano sin obsesiones” del próximo 11 de mayo. Si no puedes estar en directo, no te preocupes, tendrás la grabación para verla cuando tú quieras.

Quiero saber más del curso.

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