Síndrome de intestino irritable: tratamiento (parte II)

En el artículo anterior sobre el síndrome de intestino irritable hice un recorrido sobre sus características principales: qué es, sus posibles causas, los subtipos que existen y los criterios médicos para su diagnóstico.

Con esta entrada, y teniendo en cuenta la evidencia científica actual, quiero darte a conocer cuál podría ser su tratamiento.

Tratamiento del Síndrome de Intestino Irritable

A priori, no existe un tratamiento óptimo y único para todos los pacientes que padecen esta alteración, y su enfoque, va a depender de diversos factores como la frecuencia e intensidad de los síntomas, el tipo de síntoma predominante, y la existencia de trastornos psicológicos concomitantes.

Algo que queda claro, es que independientemente del enfoque, el principal objetivo del tratamiento, debe ser la mejoría de la calidad de vida del paciente.

Y a pesar de desconocer el tratamiento óptimo, teniendo en cuenta todos los factores implicados en los síntomas del SII, sí se conocen varias estrategias que podrían mejorar el hinchazón, el dolor abdominal, la flatulencia y la consistencia de las heces.

 

Posibles estrategias para el tratamiento del SII


  1. Dieta baja en FODMAPs
  2. Terapia psicológica.
  3. Actividad física.
  4. Uso de probióticos.
  5. Uso de fármacos.

 

Si has sido diagnosticado de SII, ¿has oído hablar de alguna de ellas? ¡Ojalá que sí! 🙂

Como puedes ver, y a pesar de lo que muchos médicos te dirán (o al menos en España), no solo los fármacos podrían aliviar los síntomas del SII, si no que otro tipo de tratamiento podrían ser también eficaces.

Para que conozcas más sobre cada uno de ellos, a continuación voy a realizar una síntesis de sus características.

 

 

1. Dieta Baja en FODMAPs

El término FODMAPs, que fue definido por un grupo de australianos en 2011, engloba un grupo de hidratos de carbono fermentables, que pueden desencadenar síntomas digestivos en personas con sensibilidad. Dentro de estos se incluyen los oligosacáridos (fructanos y galactanos), disacáridos (lactosa) , monosacáridos (fructosa) y polioles (xilitol, manitol, sorbitol…).

Los diversos estudios realizados hasta la fecha, relacionan que hasta un 70% de los pacientes que siguen una dieta baja pobre en FODMAPs presentan mejoría en los síntomas, especialmente en los relacionados con la distensión abdominal y el dolor.

Dado que este tipo de enfoque dietético sí podría ofrecer beneficios a un gran número de pacientes, algunos grupos de trabajo, como la Asociación británica de Dietética ha incluido este tipo de dieta dentro del abordaje del tratamiento del Síndrome de Intestino Irritable.

En España, aún sigue siendo poco habitual que los gastroenterólogos la recomienden, y más atípico aún que deriven a un Dietista-Nutricionista especializado para que sea quien la paute.

¿Por qué? No sé si es por falta de actualización, ausencia de concienciación en la importancia del trabajo interdisciplinar, o pocas ganas de hacernos partícipe del tratamiento. Pero no os preocupéis, seguiremos luchando para que se acuerden de nosotros y algún día os podáis beneficiar en la Sanidad Pública de toda nuestra ayuda.

Aunque dedicaré una entrada completa para contaros las características de esta dieta, sí me gustaría recalcar que esta no debe de ser realizada sin el consejo y seguimiento de un Dietista-Nutricionista especializado, con independencia de que haya aplicaciones como la de MONASH que permiten conocer el contenido en FODMAPs de los alimentos.

Además de esta dieta, existen otras características de la alimentación que sería interesante tener en cuenta, ya que en algunos pacientes sí parecen empeorar los síntomas algunos alimentos como el café, la leche de vaca o el alcohol entre otros.

 

 

2. Terapia psicológica

En los criterios diagnósticos no se incluye la presencia de factores psicológicos. Sin embargo, diversos estudios relacionan una mayor presencia de alteraciones psiquiátricas: ansiedad, estrés, depresión…en pacientes con síndrome de intestino irritable. 

El estrés psicológico agudo puede afectar a la actividad motora y la percepción visceral, lo que explicaría por qué muchos pacientes, relacionan un empeoramiento de los síntomas en situaciones de estres.

Parece que la mayoría de pacientes, ya tenían esas alteraciones antes incluso de que se den los síntomas de la enfermedad, lo que sugiere que las alteraciones emocionales no son consecuencia del malestar que produce la alteración.

Por todo ello, y aunque no entraré en decir qué tipo de terapia podría ser la más efectiva, si el paciente presenta alteraciones psiquiátricas, el tratamiento conjunto por un gastroenterólogo y un psicólogo podría dar lugar a una mejoría global significativa.

Por desgracia, también este aspecto suele ser uno de los más olvidados en el tratamiento de muchas enfermedades, y sin embargo tiene un peso muy importante para mejorar la sintomatología de los pacientes con este síndrome.

En mi caso, noto que cuando tengo ansiedad mis síntomas empeoran, y de forma concreta los relativos a la consistencia (diarrea) y frecuencia (mayor número de deposiciones) de las heces.

 

3. Actividad física

La práctica de actividad física suele ser el mejor remedio para la prevención y/o mejora de muchas enfermedades.

Y en el síndrome de intestino irritable, también se ha visto que un aumento de la actividad física podría mejorar los síntomas, especialmente en aquellos pacientes que presentan ansiedad y otras alteraciones del estado de ánimo.

Esta actividad física según la OMS consiste en actividades recreativas o de ocio, desplazamientos (por ejemplo, paseos a pie o en bicicleta), actividades ocupacionales (es decir, trabajo), tareas domésticas, juegos, deportes o ejercicios programados en el contexto de las actividades diarias, familiares y comunitarias.

De forma más específica, con el fin de mejorar nuestra salud, para adultos se dan las siguientes recomendaciones:

  • Los adultos de 18 a 64 años dediquen como mínimo 150 minutos semanales a la práctica de actividad física aeróbica, de intensidad moderada, o bien 75 minutos de actividad física aeróbica vigorosa cada semana, o bien una combinación equivalente de actividades moderadas y vigorosas.
  • La actividad aeróbica se practicará en sesiones de 10 minutos de duración, como mínimo.
  • Que, a fin de obtener aún mayores beneficios para la salud, los adultos de este grupo de edades aumenten hasta 300 minutos por semana la práctica de actividad física moderada aeróbica, o bien hasta 150 minutos semanales de actividad física intensa aeróbica, o una combinación equivalente de actividad moderada y vigorosa.
  • Dos veces o más por semana, realicen actividades de fortalecimiento de los grandes grupos musculares.

 

 

4. Uso de probióticos

La alteración de la microbiota en los pacientes con SII es frecuente, habiéndose observado diferencias cualitativas y cuantitativas, comparada con la de las personas sanas. En concreto, se ha visto que presentan menor número de bacterias de los géneros Lactobacillus y Bifidobacterias, así como un aumento de especies poco beneficiosas.

Factores como el estrés, la inactividad física, las infecciones…podrían ser algunas de las causas de esta alteración, aunque no parece fácil establecer dicha relación. Dado que esa microbiota está alterada, desde hace años se ha estado estudiando el efecto de los probióticos en estos pacientes.

¿Qué son los probióticos? microorganismos vivos que administrados en cantidades adecuadas aportan beneficios al hospedador. Para que un microorganismo sea calificado de probiótico es imprescindible demostrar científicamente que produce dichos efectos.

¿Cuál es el mejor probiótico para el SII? Actualmente se desconoce el probiótico óptimo, y aunque recientemente se ha hecho una revisión, los autores no han podido concluir recomendaciones específicas para el manejo del SII.

Sin embargo, sí se pueden hacer aproximaciones, y según la evidencia actual, parece que los probióticos de cepas múltiples, a una concentración de 10 mil millones de CFU/día, podrían mejorar el dolor abdominal y los síntomas globales. Dentro de estas, se ven que cepas de Lactobacilos y Bifidobacterias, podrían tener mejores resultados en la mejoría de síntomas como el dolor abdominal, la diarrea o el estreñimiento, al estabilizar la microbiota y tener un efecto inmunomodulador a nivel intestinal.

Aunque no se pueda concluir cuál es el mejor probiótico , sí se recomienda que estos se tomen durante al menos 4 semanas para valorar los posibles beneficios. Además, a la hora de escogerlo, también es importante que no contenga ingredientes que puedan empeorar los síntomas del paciente: inulina, lactosa, sorbitol…, algo que en ocasiones suele ser muy frecuente.

En este sentido y en base a la información que tengo, solo os podría mencionar el probiótico que me recomendó el médico, y con el que de forma particular sí note mejoría. Podéis verlo pinchando en la siguiente aquí. 

5. Uso de fármacos

Existen diversos fármacos que podrían ser utilizados para el tratamiento del SII, el uso de estos va a depender del subtipo de SII, así como de los síntomas predominantes.

Únicamente voy a mencionar algunos de los que se suelen usar y sus efectos.

  • Fibra solubles (psillium y ispagula) para la mejora del estreñimiento.
  • Laxantes para la mejora del estreñimiento.
  • Antidiarreicos para mejorar la diarrea.
  • Espasmolíticos para aliviar los dolores.
  • Antidepresivos para la reducción de los dolores abdominales.
  • Antibióticos para la mejora del sobrecrecimiento bacteriano.

Aunque a veces el uso de estos pueda ser adecuado y acertado, en mi opinión, y como ocurre en el tratamiento de otras muchas patologías, en muchas ocasiones, creo que se están usando estos fármacos como parches, sin contemplar otros tratamientos que no requerirían de su consumo a largo plazo y que podrían mejorar mucho la calidad de los pacientes.

¿Y puede ser que la combinación de dos o varios de los enfoques funcionen mejor? Actualmente se desconoce, por lo que esto es algo que habrá que valorar de forma individual.

Hasta aquí llega la entrada de hoy. Muy pronto abordaré el tema de la Dieta baja en FODMAPs, así como otras posibles estrategias nutricionales que podrían ayudar a aliviar los síntomas.

Deseo que te haya permitido ampliar tus conocimientos sobre los diferentes enfoques que hay en la actualidad para el tratamiento del síndrome de intestino irritable.

 

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA

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