La báscula, ¿tu enemiga para perder peso?

 

Ese aparato que adorna el suelo de millones de baños del mundo, y que es capaz de provocar enfados o alegrías, ilusiones o frustraciones, iras o despertares, es desde mi experiencia, uno de los mayores obstáculos para quienes desean perder peso.

Me refiero a la báscula y el post de hoy se lo dedico a ella.

¿Es la báscula el mejor indicador para quienes quieren perder peso?

Tras varios años pasando consulta, tengo una conclusión clara, y es la siguiente: uno de los factores que más condicionan la motivación de las personas a la hora de seguir practicando unos hábitos saludables, es el resultado de la báscula.

 

Independientemente de si conseguiste moverte más, comer más verduras, reducir el consumo de azúcar…si ella te da el dato que no esperas, pensarás que todo lo que has hecho, no mereció la pena…¿verdad?

En consecuencia, poner el foco en el peso, puede desviar la atención de lo verdaderamente importante: crear conductas que favorezcan tener un peso corporal saludable.

Por todo ello, a lo largo de este post, además de motivaros a despegaros del resultado de la báscula, os contaré qué podéis hacer para poner la mirada en otros indicadores diferentes, y conseguir así que vuestra motivación por el cambio no decaiga.

1. Busca la motivación en las acciones, no en el resultado

Teniendo en cuenta las elevadas cifras de sobrepeso y obesidad que hay en la actualidad a nivel mundial, no es de extrañar que el principal motivo de consulta de quienes van a un Dietista-Nutricionista, sea perder peso.

Aunque a priori “Querer perder peso” puede parecer un buen objetivo, es en esta formulación donde podríamos estar equivocándonos. Y creo que ese error, podría venir tanto de quienes se lo plantean, como de los profesionales que les ayudamos a conseguirlo.

Porque en realidad, aunque perder peso puede ser el principal motivo del cambio, no debería de ser la principal motivación.

Pues si basamos nuestra motivación en los resultados de una acción, pero no en la elección en sí misma, al no obtener la recompensa deseada, podríamos dejar de practicar esa acción. Y esto es justamente lo que puede suceder cuando alguien no ve en la báscula el resultado que desea.

¿Qué podemos hacer para revertir esta situación?

Lo primero de todo, te animo a que busques tu motivación en cambiar aquellas conductas que influyen de manera negativa en tu peso corporal, en lugar de basar tu motivación en la pérdida de peso, ¿cuáles son esas conductas?

En realidad son muchas e individuales, de ahí la complejidad del tratamiento del sobrepeso y la obesidad. Sin embargo, algunas de las más comunes son la alimentación insana, la falta de ejercicio físico, la vida sedentaria, la inadecuada gestión emocional y/o las alteraciones en el sueño, entre otras.

Por lo tanto, el primer consejo que me gustaría darte es que una vez hayas detectado los factores que podrían estar influyendo de manera negativa en tu peso,  cambies ese “quiero perder peso” por …quiero + aquella conducta que te ayudará a conseguirlo.

Quedaría algo así como quiero comer sano; quiero hacer ejercicio, quiero reducir mis horas de inactividad; quiero aprender a calmar mi ansiedad con otra herramienta diferente a la comida, etc..

Porque es la consecución y el disfrute de esa acciónlo que te permitirá obtener la recompensa deseada, sin apegarte al resultado final.

En resumen, y el mensaje que quiero transmitir tanto a la población general como a los profesionales de la salud que trabajan en el ámbito del sobrepeso y la obesidad, es que la pérdida de peso debería de ser la consecuencia del cambio, pero no el objetivo.

2. Desgrana el objetivo principal en pequeños objetivos

 

En el párrafo anterior te he contado la importancia de fijarte más en el cómo (comer sano), que en el qué (perder peso).

Ahora, quiero dar un paso más y explicarte que además de dejar de centrar tu atención en el resultado de la báscula, es importante que los objetivos que te marques estén bien definidos.

Para lograrlo, mi recomendación es que desgloses tu objetivo principal en pequeños objetivos, que de ahora en adelante llamaré objetivos proceso.

Para que nos entendamos, imagina que uno de los factores que has determinado que tiene una influencia negativa sobre tu peso corporal actual, es la mala alimentación, y por ende tu deseo es querer comer sano.

Bien, comer sano es tu objetivo principal, pero sin embargo es demasiado general. Para ponérselo fácil a nuestro cerebro, te animo a dividirlo en pequeños pasos.  Os pongo el siguiente ejemplo tomando de partida el objetivo que estamos trabajando.

Objetivos del proceso

 

_____1_____2_____3____4_____5_______6___COMER SANO (Objetivo principal)

 

  1. Realizar un desayuno saludable.
  2. Comer 3 piezas de fruta al día.
  3. Tomar verduras en todas las comidas.
  4. Reducir el consumo de refrescos.
  5. Comer de forma consciente.
  6. Organizar las comidas semanales.

 

¡Ojo! Tan importante es que los desgloses, como que seas realista a la hora de determinar por cuál o cuales empezar. Si tienes que mejorar muchos aspectos de tu alimentación para llegar a tu objetivo final, no pretendas comenzar por todos a la vez, ya que el no conseguirlos, podría ser un motivo de insatisfacción y desmotivación.

3. Despierta tu motivación intrínseca por los objetivos del proceso

La motivación intrínseca, explicada de una forma muy sencilla y breve, es aquella que se genera cuando la propia realización de una actividad u acción, nos genera placer. Seguro que puedes pensar en aquello que haces porque te gusta mucho y lo sigues haciendo aunque no obtengas alguna recompensa extra…¿lo tienes? ¡Ese es un ejemplo de motivación intrínseca!

Si seguimos con el ejemplo del objetivo anterior, se trataría de que descubrieras cómo puedes despertar la motivación intrínseca de cada uno de los objetivos proceso.

Por ejemplo, ¿te aburre organizar las comidas semanales, pero sin embargo sabes que te ayudaría a comer sano?

 

Entonces, piensa cómo puedes hacer de esa acción, una tarea placentera. Para ello, haz un listado de las cosas que te gustan hacer y conéctalas con esa actividad. ¡Te sorprenderá lo potente que es esta herramienta!

En definitiva, te animo a que descubras cómo puedes empezar a sentir placer con las acciones que te dirigen a tu objetivo principal, ya que si consigues disfrutarlas, no querrás dejar de practicarlas nunca.

4. Identifica otros beneficios del cambio

Todos tenemos claro que comer sano, e incluir otros hábitos saludables, contribuye a conseguir un peso corporal saludable. Sin embargo, veo más que necesario, animarte a que identifiques además de este, otros beneficios diferentes a la pérdida de peso.

Para lograr identificarlos, es tan sencillo como hacerte la siguiente pregunta: ¿Qué beneficios te aporta comer sano (o el objetivo principal que hayas determinado)? ¡Es interesante que detectes al menos 5! 😉

Como os he comentado, la pérdida de peso es compleja, depende de muchos factores, y si basas únicamente las ventajas del cambio en la pérdida de peso, correrás el riesgo de abandonar la modificación de tus conductas antes de tiempo.

Para conseguir hacer este ejercicio, si te apetece, puedes descargarte de forma gratuita la siguiente plantilla “Beneficios de comer sano”.

¿Los has detectado ya? Tómate tu tiempo antes de pasar al siguiente punto 😉

5. Detecta otros indicadores de bienestar diferentes al peso 

Ya hemos visto que marcarnos objetivos diferentes al resultado, buscar la motivación en las nuevas conductas y detectar otros beneficios del cambio, son algunas de las claves para que la báscula no se convierta en tu peor enemiga.

Pues además de estos, también hay otro factor que te ayudará a mantener viva tu motivación.

Se trata de que identifiques indicadores de bienestar diferentes al peso, es decir sensaciones, experiencias, cambios…que notes al practicar tu nueva conducta.

Para desarrollar esta herramienta, puedes descargarte de forma gratuita la plantilla “Indicadores de bienestar” 

Estos indicadores son personales y dependerán de las características individuales de cada persona, pero te dejo algunas ideas:

  • Dejar de roncan por las noches.
  • Eliminar la acidez de estómago.
  • Ir al baño con regularidad.
  • Subir las escaleras de casa con más agilidad.
  • Abrocharme el cinturón en otro agujero.

¿Los tienes? Si la respuesta ha sido sí, sigue leyendo para descubrir el último punto.

6. Comprende el dato de la báscula

Además de todos los puntos anteriores, es importante que comprendas el significado del peso, de forma que cuando te peses, que no te animaría a hacerlo muy a menudo, este dato no condicione tu grado de satisfacción con los cambios.

Seguramente que alguna vez te han contado cuáles son los componentes del peso, pero si no los conoces, a continuación te los detallo brevemente.

El peso corporal está compuesto por masa grasa y masa libre de grasa, y dentro de esta última se encuentra el músculo, los huesos, los órganos, y los fluidos corporales entre otros.

 

Si lo que quieres es perder peso de forma saludable, lo que te interesa perder es masa grasa, pero no masa libre de grasa, ya que los efectos negativos del sobrepeso/obesidad vienen derivados por un exceso de grasa, pero no de músculo, agua, hueso…

Si te pesas con una báscula convencional, no sabrás de donde viene la subida o la bajada de peso, ya que esta no distingue entre masa grasa y masa libre de grasa.

Teniendo en cuenta que la masa libre de grasa se altera por diversos factores (hidratación, medicación, ejercicio, ciclo menstrual, estrés…), estarás de acuerdo conmigo en que pesarse con una báscula normal no es de lo más acertado.

Ahora bien, muchos estaréis pensando que si hacemos una valoración a través de una bioimpendancia, que es una báscula que sí permite conocer la masa grasa y la masa libre de grasa, entonces sí será a un dato fiable…¿es así?

¿Es la medición por biompendancia el mejor indicador de mejora?

Pues aunque me gustaría poder decir que sí, la realidad es que no. Y es que para obtener un dato fiable a través de estas básculas “modernas”, la medición se debe realizar en las mismas condiciones hídricas siempre, siendo esto bastante difícil.

Pues uno no elige voluntariamente si va 1 o 3 veces al baño, si retiene más o menos líquidos, si está ovulando o no, o si suda más o menos…¿verdad?

Por ello, aunque esta evaluación sí puede acercarte a una medición más real de tu composición corporal (masa grasa, masa magra, agua…), desde mi punto de vista, no es el mejor indicador para evaluar tus progresos.

Y no lo es, no tanto por el posible fallo que pueda darnos, si no porque si has leído todo lo anterior, te darás cuenta de que si le otorgamos el poder de decidir si vamos bien o vamos mal a esta máquina, de nuevo nos estaremos olvidando de lo más importante, el cambio de conductas y los beneficios que estas nos están aportando.

 

En resumen, si quieres que la báscula deje de condicionar tu motivación por el cambio, empieza a seguir los siguientes pasos.

  1. Busca la motivación en las actividades que te acercan al resultado, pero no viceversa.
  2. Determina objetivos más pequeños a partir del objetivo principal.
  3. Disfruta de las acciones que te acercan al objetivo principal. 
  4. Siente los beneficios del cambio más allá de la perdida de peso.
  5. Determina indicadores de bienestar diferentes al peso.

Deseo que después de haber leído el texto, consigas tener motivos más que suficientes para que a partir de ahora tu mejor brújula sea el disfrute y bienestar de tus cambios, y no el resultado de la báscula. 

Si crees que este artículo puede ayudar a alguien a comprender mejor este tema, no dudes en compartirlo.

Y si te has identificado con lo expuesto a lo largo del post, pero no logras conseguir un peso corporal saludable, puedes contactar conmigo para saber si puedo ayudarte.

¡Gracias queridos lectores por acompañarme!